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No es la república, es el principio de igualdad

Hace ya dos meses, hemos pasado de las sorpresas en el nuevo cambio político (leve y casi testimonial pero esperanzador) tras las elecciones europeas, a la dimisión por la izquierda de algunos líderes del bipartidismo y la abdicación de todo un Rey. Juan Carlos I, anunciaba su abdicación en una brevísima nota de cuatro líneas que envió al presidente del gobierno a primera hora de la mañana. Algo inesperado para quien vive alejado de la cúpula política. Mariano Rajoy anunciaba que era preciso acelerar el proceso de una ley orgánica para proceder con el cambio de poderes al Príncipe de Asturias, una ley que ha tardado 39 años en realizarse.

Las redes sociales ardían con la noticia y todos esperábamos un nuevo avance. Pronto, se convocaron concentraciones en las principales plazas españolas y en el extranjero para exigir que los ciudadanos decidieran quién querrían como Jefe de Estado. Cayo Lara compareció ante las cámaras con una bandera tricolor sobre la tarima. Pablo Iglesias, desde Bruselas, defendía que un Estado democrático era aquel donde los ciudadanos decidían sobre su futuro. Ada Colau insinuaba una segunda transición y animaba, junto con el resto, a una protesta en las calles. Mientras tanto, Dolores de Cospedal elogiaba el trabajo del Rey y anunciaba el relevo, decidida. Rubalcaba, en nombre de su partido, defendía sus “hondas raíces republicanas”  al tiempo que apoyaba la entrada al trono de Felipe VI (…).

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Pero la opinión de la calle no quiso esperar. A las 20 horas, en las plazas, miles de personas, impulsadas por los rápidos acontecimientos y la batería de dimisiones y crisis bipartidista salían a la calle a reclamar la III República ondeando la bandera de la segunda. Las mismas caras, los mismos cánticos, reminiscencias del pasado, una lucha agotada…

Seamos inteligentes. Podemos conocer nuestra historia, pero enarbolar banderas del pasado, con discursos sobre lo que fuimos y nos robaron, no nos devolverá la dignidad. Dudamos que una República pueda hacerlo. Tampoco esta monarquía lo ha conseguido durante todos estos años y el nuevo Rey tampoco lo logrará. La mayoría de edad política, que cada vez alcanza a más ciudadanía consciente de que son sujetos de derechos, no objetos, creemos que como consecuencia lógica del trabajo de politización que emprendió el 15-M, busca defender la legitimidad de poder votar en las urnas a quién queremos como jefe de Estado o incluso qué forma de gobierno queremos. Participación, apropiación, empoderamiento. Las protestas se agotaron conforme pasaban los días porque la ciudadanía no permite tutorias ideológicas, quiere construir su propio camino. No quiere una canción impuesta por la izquierda sobre la República o una canción impuesta por la derecha sobre la Monarquía. Y subrayamos, aunque nuestras convicciones son republicanas, vemos igual de anacrónico escuchar las canciones de los años treinta así como imaginarnos un nuevo monarca en la jefatura de Estado.

El concepto de República (Res Pública) va más allá de cualquier ideología política, se concibe como un sistema de poder basado en un Estado de derecho donde, a diferencia de lo que sucede en España, el jefe de Estado es elegido democráticamente. No tenemos que mirar al pasado para imaginarla, sino a la mayoría de los países europeos vecinos con quien nuestros políticos comparten asiento en Estrasburgo y en Bruselas. No pedimos una utopía, sino un derecho innegable: la determinación de nuestro forma de gobierno, de nuestro propio Estado (…).

Luchar tanto por algo tan básico es difícil de concebir. Te hace sentir estúpido. Tan estúpido como reducir el debate a la pregunta ¿República o Monarquía? que, en ocasiones se asemeja a ¿izquierda o derecha? Pero… ¿Porqué una república ha de ser de izquierdas? ¿Porqué una monarquía ha de suponer una forma de gobierno poco democrática?

Siempre podremos encontrar ventajas de la Monarquía a la República y viceversa, ejemplos dignos de países a uno y otro lado,  pero hay una fundamental si buscamos la coherencia y el fiel respeto al principio de igualdad y no discriminación de los Derechos Humanos, básico en cualquier régimen democrático: Todas las personas nacemos iguales en derechos y libertades. Y este fin, por más que se quiera, no es posible en unamonarquía.

Este principio fundamental no existe si uno de los cargos más importantes del país, el de Jefe del Estado (y Jefe de todos los Ejércitos del país) sólo puede ser ocupado por un ciudadano a causa de unos derechos heredados de sus antepasados. Una figura más acorde con sistemas legales de dominación como la esclavitud, la servidumbre, el colonialismo o la desigualdad por sexo o religión.

Es por ello que sumergirse en este rico debate no debe suponer posiciones prematuras sobre la mejor forma de gobierno para un país, más sobre la forma de conquistar un derecho tan básico y antiguo como la propia democracia griega: libertad para elegir y decidir. 

Este artículo ha sido realizado por el autor, Javier Díaz y por Antonio Parrales, colaborador del blog

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