Limón en el Mármol

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El miedo del Hombre Medio (mantra para tunantes)

Cunde la sensación de que el 15-M no sirvió para nada. Cuántas tesis de gurús del todosé mediático y lecciones propinadas tras vaso lleno y laringe hiperventilada nos han ido acomodado en la idea de que aquello fue un simple espectáculo pasajero, un juego de chavales, o a lo peor, el gobierno de los que no proponen nada.

El imaginario mediático también nos detalló – ignorancia alevosa aparte- como este corralito de ácratas polimegafónicos se fue disolviendo a medida que sus ingenuos acompañantes, ciudadanos de bien, se daban cuenta de que aquello era un mero marihuanódromo gigante. “Si es que cuando el río suena, agua lleva”, confirma nuestro querido omnisciente colectivo.

Convencidos con su tozuda disertación, soltamos el vaso, ya vacío de propósitos, y relajamos la verborrea. Por suerte, alguien despierto nos da un par de bofetadas y nos hace fijarnos en nuestro propio reflejo, el del Poso Sin Fondo. Reverte nos quema, soplete en verbo, la carne del Hombre Medio, cuando no del medio hombre. La de alguien hecho a sí mismo y a su tiempo. El que vio crecer la Plutocracia. Uno de los nuestros.

– “Si se arma la revolución que no me toquen mi Quinceturbos, que aún le debo letras al Botín.”…. – “No me refiero al de los ladrones, claro, sino al del banco…” – “Bueno, ya me entendéis.” Se dice, el biencocido, mientras reza para que no despidan también a su mujer, ni que sus hijos tengan que emigrar después de no encontrar curro por el Infojobs. ¡Virgencita que me quede como estoy! Vuelve con el refranero como un Mantra. Y que todo quede en pesadilla.

DESAYUNO CON TUNANTES

Pero no es tan fácil desayunarse con un menú a medio servir. Algunos –menos de los pretendidos- no tragarán y dirán que hay más valientes, que en esta sociedad aún quemarán Gamonales como cerillas, y que sino, al tiempo. Que no es cierto lo del 15-M, porque su espíritu sigue ardiendo en los escraches y en las mareas. Que la desinformación se combate con información en las redes sociales y que cómo que no, que claro que se están consiguiendo cambios. Y sino mira lo de la sanidad madrileña.

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“Abre los ojos”, de Alejandro Amenábar, 1997.

Pero al abrir los ojos, como en el sueño de Amenábar, la ciudad sigue desierta. Las redes sociales te sientan en casa y las cerillas se apagan al poco con palos mezquinos y mares de olvido e indiferencia. El miedo paralizante se extiende y las semillas parece que sólo tienen permiso para crecer en algunos rincones de este despropósito.

Entretanto, la otra marea, la del  cultivado Hombre Miedo, sigue en su casa viéndolas venir y agachando la cabeza. Apenas levantándola para abrazar a sus hijos y verlos partir, título bajo el brazo, a azuzar la precariedad en inglés o en alemán. Tú nada y guarda la ropa, les insiste, aún terco.

La lágrima le quema el rostro mientras solo un pensamiento le anima. Con paciencia y resignación, se dice, pasará la tormenta y conseguiremos volver a atraer la Confianza de los Mercados. Y con ella el Consumo. Y el Empleo. Y el Dinero. Para no contarnos las arañas cuando queramos ir de cañas. Entonces volveremos a ser como fuimos antes. Unos tunantes.

Se repite de nuevo el Mantra. Se convence. Se relaja. El miedo a un cambio verdadero y profundo se desvanece, al menos esta vez, durante unos minutos.

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