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Gamonal, otra semilla más

El huerto de la nueva España (tranquilidad, no es un nuevo partido político) está sembrado de semillas de insurrección y luchas tan dispersas como numerosas. Desde que se abrió la veda con el tardío alumbramiento de la crisis, el vergel de la esperanza no hace más que recoger semillas cual Arca de Noé.  15M, Mareas, PAH, Asambleas, Rodea el Congreso… y ahora Gamonal, vienen a marcar el límite hasta donde la gente está dispuesta a sacrificar su dignidad.

Son semillas. Solo eso. Semillas que buscan una tierra fértil y unas condiciones óptimas en las que brotar. Las última, la del “Efecto Gamonal” no es más que la consecuencia lógica de la indignación ciudadana que nos puede mostrar un camino, hasta ahora tabú por los colectivos del 15M: la resistencia. 

Y es necesario este debate, censurado en la izquierda con gran miedo de perder el poco rédito electoral que sacan las encuestas, para enfrentar violencia a resistencia. “Nunca verás tanta violencia, como la que ejerce el sistema capitalista sobre las personas”, me recordaba una compañera hace tiempo durante un acalorado debate. Violencia es irrumpir uniformado y armado en una vivienda a desalojar una familia que ha perdido el trabajo y no puede pagar unos créditos bancarios inhumanos, violencia es golpear a ciudadanos que, en el ejercicio de un derecho fundamental, manifiestan su opinión en la calle, violencia es corromper un sistema judicial y orientar su protección a los poderosos y no a los más vulnerables. Violencia, es crear un clima de represión de libertades a través de un sistema legislativo medieval. Violencia también es penalizar a las propias víctimas de la crisis. Violencia es que un señor esté habilitado a decidir sobre si una mujer puede abortar o no. Violencia es un despido, la precariedad laboral, cobrar 400€, trabajar y seguir siendo pobre. Violencia es tener 20 años y no tener esperanza. Violencia es empujar a los ciudadanos a buscar comida en la basura, no quemar un contenedor.

La lucha de la ciudadanía en la reivindicación de sus derechos tiene dos vías: la difícil: organizarse, participar en elecciones con las injustas reglas actuales, tomar el poder y comenzar el cambio y la vía rápida y no por ello menos difícil: la resistencia.

La rapidez con la que los poderes fácticos están convirtiendo a España en un país de precariedad, pobreza y autoritarismo requiere de una respuesta contundente en la que el empleo de la resistencia contrarrestre la violencia sistémica con la que un sistema legitimado en las urnas golpea  a la ciudadanía. Y esa vía, irremediablemente, es la vía del escrache; la vía de Gamonal.

Pero cuidado, dos matizaciones:  La vía política es fundamental para el cambio del modelo, a saber, no podríamos cambiar las reglas del juego a golpe de Gamonal. Y dos: La vía de la resistencia es necesaria para impulsar el movimiento político, la vía alternativa y el nuevo modelo posible.

Mahatma Gandhi, así como Nelson Mandela, fueron grandes símbolos de la cultura de la resistencia, los mismo símbolos que hoy lanza piedras ante el Muro del Apartheid en el pueblo palestino de Bili’in, los que siguen luchando por una Siria libre o los que desafían las leyes rusas que prohíben la asociación y manifestación. La resistencia es la vía que ha abierto Gamonal en España. Un triunfo colectivo de una nueva forma de protesta que ha servido de ensayo para las luchas venideras, pero que no puede sustituir, en ningún caso, a la participación en la arena política. La veda, está abierta.

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3 comentarios

  1. […] Artículo original publicado en Limón en el Mármol […]

  2. Pedro Olazábal dice:

    Pues estoy bastante de acuerdo con lo que dices y me parece más que importante hablar sobre las violencias no directas, todas esas violencias no visibles. Pero no estoy de acuerdo en que quemar un contenedor no sea violencia. Para mí es comprensible – o como se diga – que haya gente quemando contenedores con la que está cayendo, pero eso no significa que no sea un acto violento. La respuesta más inmediata a la violencia es violencia. Un ejemplo sencillo: a mí si alguien me insulta, lo primero que se me pasa por la cabeza es contestar: “tu madre” 🙂 . Mi reacción es comprensible, pero eso no significa que no sea violenta(*), claro que lo es. Lo importante es plantearnos si responder con violencia es el mejor modo para alcanzar nuestros objetivos. Personalmente creo que responder “tu madre” no ayuda mucho a la resolución del conflicto existente entre el que me insulta y yo.

    Puedo entender que se quemen contenedores pero no lo comparto, igual que tampoco me gustan los escraches. Creo que hay modos de resistencia pacífica mucho más eficaces. En vez de gritarle a un político, ¿te imaginas que le sigan cientos de personas por la calle imitando cada uno de sus pasos y gestos? Sí, como hacen los niños pequeños.

    En el tema de las vías para la transformación de la sociedad, creo que hay una tercera vía más importante. Para mí, es de hecho, la vía de verdad. La única güena, güena 🙂 . Consiste nada más y nada menos en dejar de comportarnos como nos dice lo establecido (esa maximización del dinero que hacen tanto empresarios como trabajadores) y empezar a construir otros posibles como personas trabajadoras, emprendedoras, políticas, creativas, comprometidas. Esa vía en que cambiamos nuestro comportamiento en todos los ámbitos, teniendo en cuenta los derechos humanos y la sostenibilidad en el centro de nuestras decisiones. Tomar el poder político “profesional” no es ni condición necesaria ni suficiente para el cambio (no estoy del todo seguro de esta afirmación, puede que sí sea condición necesaria). Cambiar como personas, no sólo es condición necesaria, sino que además es condición suficiente para la transformación social.

    Vaya peazo comentario… esto daba para otra entrada 🙂

    Salud!

    (*)comentario friki: esto nos llevaría a definir actos como violentos o no violentos dependiendo de quien haga el acto. Esto sería un error. O podría llevarnos a definir actos como violentos o no violentos en relación al tiempo, es decir, es acto violento “el que empezó” pero no el que respondió al primer acto violento. Un acto debe ser definido como violento – o no – dependiendo del acto en sí mismo, no dependiendo de la persona o institución que lo realiza, o de si es respuesta a otro acto violento inicial. Creo…

  3. […] Pero al abrir los ojos, como en el sueño de Amenábar, la ciudad sigue desierta. Las redes sociales te sientan en casa y las cerillas se apagan al poco con palos mezquinos y mares de olvido e indiferencia. El miedo paralizante se extienden y las semillas parece que sólo tienen permiso para crecer en algunos rincones de este despropósito. […]

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