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Mi huella de carbono. Mucho hablar y poco hacer

Creo que no he sacado ninguna entrada ácida al estilo del gran Jotah Peich. Pero hoy me encuentro chisposo oye, así que voy a publicar una entrada en la que mostrar en público toda mi hipocresía. Va a hacer un año que escribo aquí para decir que hay que cambiar el mundo hacia uno que tenga como fin satisfacer necesidades de manera sostenible. Además, me suelo regodear con que debemos ser cada uno de nosotros los que tenemos que cambiar. Sin embargo, acabo de hacer cuentas y está claro que estoy contribuyendo bastante poco.

Leyendo el resumen del último informe sobre cambio climático del IPCC me he acordado de lo que se suele llamar presupuesto de carbono. Resulta que el CO2 u otros gases de efecto invernadero no contaminan directamente. El problema es alterar el ciclo de carbono. Por un lado emitimos CO2, pero por otro lado esas emisiones se absorben. El problema, la contaminación, ocurre cuando nuestras emisiones son tan altas que la Tierra – y los océanos – no pueden absorberlas. Entonces, las emisiones que no son absorbidas, se acumulan en la atmósfera, provocando el efecto invernadero.

Así, los científicos han venido a estimar que hasta el 2050 podemos emitir 321 Gigatoneladas de CO2[1]. Haciendo unas cuentas rápidas y reduccionistas a dolor, esto significa que podemos emitir 8,23 Gigatoneladas anuales hasta 2050[2].

Teniendo en cuenta que en el mundo vivimos 7.000 millones de personas, esto nos toca a 1,17 toneladas al año que puede emitir cada una. Ayudándome de los datos de la entrada anterior, cada una podrá hacer 9.258 km en su Golf Blue Motion (sí, ya sé que no todas tienen un coche, es para hacerse una idea).

Pero vayamos a conocer mi hipocresía, que es lo que me ha animado a escribir esta entrada. Aunque suelo jactarme de que voy en bici a trabajar, mis viajes en coche (sí, también me regodeo de que es coche-compartido) han supuesto 753.533 g de CO2. Además, como diría la secretaria de estado, soy uno de esos aventureros que han emigrado, pero no por la crisis, sino por mis ganas de conocer Aurich. A pesar de mis ansias por conocer el mar del norte y sus cuasi-inexistentes playas, este verano me decidí a pillar un billete de avión desde Alemania a la tierruca[3] para ver amigos, familiares y darme unos bañitos en el mar. Este viaje me ha costado (ida y vuelta) 403.491 g de CO2[4].

Ambas emisiones hacen un total de 1.157.024 g de CO2. Así que todavía podría emitir 18.799g[5] de CO2 este año. Está claro que no me queda presupuesto de CO2 para ir en Navidad a casica puesto que me hacen falta 200.000g para ir en Avión o 66.660g para ir en Autobús. Pero eso díselo a mi abuela.

Y aquí es donde a cualquier espabilao se le ocurre el mercado de emisiones

– “Oye perdona, no te sobrarán unas emisiones por ahí…, es que ando justo. Te las cambio por unos euros, que de eso ando sobrao

De todas formas, no te quedes con esta crítica barata-irónica al mercado de emisiones. Los intercambios, como he escrito ya por aquí, favorecen el bienestar. El mercado de emisiones no está funcionando por muchos motivos que no sólo los más crítico-radicales dicen (por ejemplo FEDEA tiene una entrada que critica el mercado de emisiones y propone un impuesto). Para animar el juicio crítico, que creo que hay que promover, me voy a poner del lado del mercado de emisiones siguiendo el tono “mundo ácido” de esta entrada. Seguro que si le dijera a mi abuela que no voy en Navidad porque no tengo presupuesto de CO2, me diría: “vente pa cá, yo te cedo lo que me sobra del mío”.

Como en la entrada anterior, no te creas a pies juntillas todos los números[6]. Estos cálculos son muy lineales y sabemos que esto del clima no tiene nada de comportamiento lineal. Pero estos órdenes de magnitud, sí me sirven para concluir que soy un hipócrita, y que algo he de hacer el próximo año para dejar de serlo. Además, ten en cuenta que no he incluido otras cuestiones que también conllevan emisiones. Por ejemplo: cualquier compra que realizo, el gas de mi calefacción o la electricidad – aunque también es cierto que suelo fardar de comercializadora de electricidad verde. También habría que añadir mis viajes en tren, a pesar de pretender viajar con la conciencia tranquila gracias a mi bahn card verde.

huella_carbono_01

Nota un poco más seria: Creo que lo importante de esta entrada son cuatro cuestiones. Primero, para cambiar, hemos de ser conscientes de la realidad, conocerla. En este caso mi huella de carbono es lamentable y he de afrontarlo sin buscar excusas baratas. A partir de aquí, tengo que ver como reducirla el próximo año. Dedicarme a charlar e ir de guay no sirve de nada. Segundo, he querido jugar con el lenguaje de “este viaje me ha costado tantas emisiones”, o “no tengo presupuesto de CO2“. Si dijera solo “no tengo presupuesto” (dinero), no podría viajar en Navidad a España. La discusión habría terminado. Si no tienes dinero, no puedes viajar. Sin embargo, si no tienes CO2 por emitir, da igual, puedes seguir viajando sin problema. Introducir otros indicadores, igual de importantes que el dinero, en nuestra vida cotidiana, es algo que tenemos que ir haciendo. Tercero, “pero díselo a mi abuela”, viene a significar que llevamos una inercia tremenda y que, por tanto, cambiar de rumbo va a ser más complicado de lo que pensamos. Cuarto, en las conversaciones sobre sostenibilidad, los europeos solemos fardar de ser líderes en el cambio. Es bastante común que alguien diga que la culpa es de los chinos, o que el problema es de los pobres, que son demasiado pobres para ser verdes. Sin embargo, los datos de huella ecológica muestran una realidad bastante diferente.

Chart 2

Fuente: elaboración propia a partir de datos de http://www.footprintnetwork.org.

La gráfica anterior muestra los planetas que necesitarían los habitantes de una región, si el resto del mundo tuviera el mismo impacto que los habitantes de esa región. En gris está representada la parte de la huella ecológica debida a las emisiones de CO2. Haz click en la gráfica y verás donde se encuentran los europeos, los chinos y los africanos.


[1] En realidad es de CO2 equivalente. Cada gas de efecto invernadero se expresa en CO2 equivalente comparando su contribución al efecto invernadero con la contribución de CO2. Las 321 toneladas salen de restar nuestro presupuesto de 886 Gt menos las ya emitidas (545 Gt – apartado B.5). El presupuesto de 886 Gt fue estimado por el Instituto de Potsdam sobre Cambio Climático (aquí un informe que lo cita)

[2] Los datos parten de las emisiones ya originadas hasta 2011, datos que da el quinto informe del IPCC: 321/(2050-2011) = 8,23

[3] La tierruca es como llamamos los cántabros a Cantabria

[4] Utilizo datos de la Agencia Europea de Medioambiente para este cálculo: 112g/km en viaje en avión.

[5] 18.799g = 1.175.824 g permitidos por cabeza – 1.157.024 g que ya he emitido

[6] De hecho en otros sitios se habla de un presupuesto de carbono de 1000 Gt y las cuentas serían otras…, pero lo importante son los órdenes de magnitud.

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