Limón en el Mármol

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Nota sobre el libro «Allegro ma non troppo» de Carlo M. Cipolla, (1988).

Si hay aglo que me gusta de viajar en tren es la satisfacción que me produce la lentitud de la travesía, porque me permite disfrutar de los impresionantes paisajes que brinda generosamente la naturaleza, marco que incita, indudablemente, a la lectura. En mi último viaje, en este medio de transporte lleno de sorpresas, tuve la ocasión de leer Allegro ma non troppo (1988)[i], quizás el trabajo más divulgado de un de los mayores historiadores del siglo XX, Carlo M. Cipolla. Comparto en esta entrada una pequeña nota sobre éste libro con la sincera intención de animar a su lectura.

La vida es una cosa seria, muy a menudo trágica, algunas
veces cómica. Los griegos de la época clásica se daban
perfecta cuenta de ello y cultivaban el sentido trágico de la vida.
Los romanos, más prácticos en general, no hacían de la vida
una tragedia, pero la consideraban una cosa seria: por
consiguiente, de entre las cualidades humanas apreciaban muy
particularmente la gravitas y tenían en poca consideración la
levitas.
No resulta difícil entender ni definir qué es lo trágico, y si a un
individuo cualquiera se le ocurre aparecer como una figura
trágica no le va a ser difícil conseguirlo, si es que la Madre
Naturaleza no le ha socorrido ya en su empeño. La seriedad es
también una cualidad relativamente fácil de entender, de definir
y, en cierto modo, de practicar. En cambio, lo que sí es difícil de
definir, y no a todo el mundo le es dado percibir y apreciar, es lo
cómico. El humorismo, que consiste en la capacidad de
entender, apreciar y expresar lo cómico, es un don más bien
escaso entre los seres humanos.

Entendámosnos: el humorismo chabacano, facilón, vulgar,
prefabricado (= chiste) está al alcance de muchos, pero no se
trata de auténtico humorismo. Es una deformación del
humorismo. El término humorismo deriva del término humor y
se refiere a una sutil y feliz disposición mental sólidamente
basada en un fundamento de equilibrio psicológico y de
bienestar fisiológico.

Así comienza el libro de Carlo Maria Cipolla que, en realidad, es la recopilación oficial de distintos ensayos del añorado historiador, señalados por él mismo como edición semiclandestina en referencia a su primerva versión. En la primera parte del libro, Cipolla realiza un anális histórico, económico y demográfico de manera paradójica, un tanto anecdótica, sobre algunos hechos históricos, tomando como referencia la historia de las especias, de la pimienta en particular. El autor construye ingeniosas y sencillas fórmulas que sirven a las personas menos amigas de las letras y más de las ecuaciones matemáticas a seguir su explicación, y resultan deliciosamente absurdas para las entendidas. En la segunda parte, describe, explica y nos invita a reflexionar sobre lo que acuñó como «Las leyes fundamentales de la estupidez humana». Para este fin, el historiador realiza un análisis coste-beneficio y utiliza un modelo matemático -jugando con el humor y el absurdo- parecido a los que han ido seduciendo a las ciencias sociales por su sofisticación, independientemente de si sirven para explicar las diferentes y complejas realidades que se contemplan, y de si ofrecen soluciones a los problemas subyacentes en ellas.

Cipolla elabora una teoría de la estupidez humana basada en cinco leyes fundamentales:

Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga uno de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de modo repetido y recurrente, debido a que:

  1. personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;
  2. día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.

La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las líneas que siguen se designará la proporción de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo σ.

Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

Lo que viene a indicar esta ley es que la estupidez humana no está asociada a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad, profesión, nivel de instrucción, etcétera. En todos los grupos sociales que analiza el autor existe una fracción σ de estúpidos, incluso entre los galardonados con el premio Nobel, considerados una auténtica élite de la sociedad.

Tercera Ley Fundamental (o de Oro): una persona estúpida es aquella que causa daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Según Cipolla el individuo se pueden comportar de cuatro maneras diferentes: si con la acción que comete obtiene ganancias equivalentes a las pérdidas que causa a otra(s) persona(s), habrá actuado como un malvado; como un incauto en el caso de que con la acción que realiza obtenga una pérdida, al mismo tiempo que procura un beneficio a otra(s) persona(s); si realiza una acción de la que tanto él como la otra parte obtiene provecho, es una persona inteligente; y en el último caso, aunque no el menos importante -no olviden la Primera Ley- está el estúpido que, tal y como indica la Tercera Ley Fundamental, éste provoca pérdidas a otra(s) persona(s) sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.

Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman simpre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Las personas no estúpidas, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costísimo error.

Hay que tomar esta ley como advertencia, pues ante una persona estúpida se verán siempre desarmados y obtenedrán un perjucio seguro tarde o temprano. No merece la pena mantener ningún tipo de relación o discusión con un estúpido, mejor procuren mantenerse alejados de las personas estúpidas, no vaya a ser que os metan graciosamente en problemas.

Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es la persona más peligrosa que existe.

El corolario de esta última ley dice así: el estúpido es más peligroso que el malvado.

Aunque parezca que las dos partes del libro tratan de temas diferentes, en realidad, como bien sugiere el escritor, han sido muchas las locuras históricas en las que la estupidez humana alcanzó su más elevado grado de perfección. De hecho, por la magnitud de sus acciones, aún se conservan retratos y esculturas de las personas estúpidas más reconocidas de la historia en los museos más visitados del mundo, se les dedican serios libros y repetidas representaciones teatrales con un coste cada vez más elevado.

En referencia a lo anterior, el autor, en la primera parte del libro, menciona determinados acontecimientos históricos que corresponden a la Edad Media, entre varios, la conocida «Guerra de los Cien Años». Este conflicto, que en verdad duró 116, fue el resultado de una horrible disputa en 1330 entre el rey de Inglaterra y el rey de Francia por el control de las zonas vinícolas francesas. La contienda entre los dos países causó daños irreversibles a sus respectivas poblaciones, llevó a la ruina sus economías durante muchos años, y supuso pérdidas en numerosos viñedos franceses que fueron devastados por las compañías de mercenarios. Los pueblos de estos países vivieron un periodo triste y oscuro,  y los soberanos no pudieron disfrutar de buen vino al que rendían culto, pues el conflicto duró más tiempo del que estuvieron en vida.

Con buena pluma, Cipolla nos sugiere que la teoría de la estupidez -a la que dedica nueve capítulos en la segunda parte del libro-, bien podría encontrar su aplicabilidad en los análisis de historia económica. No obstante, no se vaya a creer que la estupidez humana es una cuestión del pasado. Ojalá fuera así, pero eso sería pensar en individuos y sociedades demasiado evolucionadas. La estupidez está presente en las diferentes facetas de la vida y en todos los ámbitos de la sociedad, y su poder y consecuencias nocivas son, como advierte el autor, torpemente subestimadas.

Este libro, lleno de guiños para un lector agudo, puede resultar tan divertido como preocupantemente si se toma, por ejemplo, como advertencia al vaciado de contenidos de los manuales que se preparan para enseñar en las instituciones académicas. Aunque, por suerte, las librerías nos siguen revelando que sólo los libros complementan lo que se enseña en las escuelas y universidades y, mucho más interesante, responden al por qué del contenido de los manuales. Si bien, tal vez la inquietud intelecutal en las personas esté determinada genéticamente por la naturaleza, de la misma manera que el historiador plantea lo es la estupidez, quién sabe.

En Allegro ma non troppo, Cipolla comparte reflexiones e ideas genuinas y, a medida que se avanza en la lectura, se percibe con mayor sentido la lucidez y la sutileza del humor con que construye una metología de la estupidez. Tales motivos fueron suficientes  para hacer que estos textos, en un principio compartidos únicamente en el círculo de amistades del escritor, despierten el interés de la editorial que los recopiló y publicó, así como el de numerosas bibliotecas en solicitarlo y conservarlo veinticinco años después de su primera edición.

Espero que, de alguna manera, esta tímida nota -inusual en el blog por mi parte- despierte la curiosidad de algunos de los seguidores de este espacio y les anime a considerar la lectura de este libro, al igual que me animó en su día la acertada recomendación que hizo de un viaje en tren una historia inolvidable.


[i] El libro es corto (85 páginas) y está disponible en formato digital en el blog en el menú Multimedia > Libros.

 

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