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Las empresas no están para ganar dinero

Una frase habitual de debate de bar sobre la crisis ante las ideas pro cambio de sistema que suelo defender es: “oye (en tono exaltado y convencido) que las empresas están para ganar dinero”. Otra versión de esta frase es: “oye que una empresa no es una ONG”. Si yo defiendo rotundamente que las empresas no están para ganar dinero, ¿entonces para que están?

Pues en realidad la respuesta es muy sencilla y sigue el hilo de algunas de las últimas entradas. Las empresas están para satisfacer necesidades. Sí, eso es lo que hacen (o deberían hacer :)). No soy capaz de imaginar ningún tipo de organización social sin empresa. La empresa es uno de los núcleos principales para la satisfacción de necesidades. Estoy pensando en un concepto de empresa amplio. Aquí entra cualquier empresa privada, pública, cooperativa, empresa social, autónomos, ONG, asociación, fundación, etc.

Un ejemplo sencillo ¿para qué está un restaurante? ¿Para ganar dinero? No. Está para satisfacer necesidades, en este caso, ocio y alimentación. Un restaurante es una empresa fantástica puesto que satisface dos necesidades a la vez. Decía antes que no soy capaz de imaginar ningún tipo de organización social sin empresa. Esto es porque, lo queramos o no, lo cierto es que no estamos capacitados para satisfacer todas nuestras necesidades. Lo que solemos hacer es especializarnos en una actividad que satisface una necesidad. De esa actividad generamos excedentes y esos excedentes los intercambiamos por otros bienes y/o servicios que satisfacen otras necesidades. Por ejemplo, los trabajadores y empresarios de los restaurantes hacen comida a punta pala, mucha más de la que necesitan. Los excedentes de esa comida la intercambian con – por ejemplo – arquitectos a los que les sobran casas. Los arquitectos hacen a lo largo de su vida muchas más casas de las que necesitan, sin embargo, les falta comida. Algunas de sus casas las cambian por comida en el restaurante.

El intercambio comida-vivienda que se hace en el mercado de arriba descrito sería muy complicado sin dinero. El dinero es un invento fantástico que facilita los intercambios entre las personas. Sin dinero, como instrumento de intercambio, y sin mercados, sería difícil haber aumentado tanto el nivel de vida. Internet está lleno de críticas al mercado y al dinero sin fundamento[1]. Ambos son inventos del ser humano sin los cuales sería muy difícil satisfacer nuestras necesidades. Una persona difícilmente puede ser cocinera, arquitecta, obrera, fontanera, agricultora, periodista, investigadora, ingeniera, doctora, enfermera, profesora, gestora, técnica[2], etc. cada vez que le sea necesario. La división del trabajo, el mercado y el dinero son medios magníficos en la satisfacción de necesidades de los seres humanos. Pero sólo son eso: medios no fines. Es bastante evidente que el dinero se ha convertido en un fin en sí mismo. Y eso es un grave error, creer que el dinero es un fin[3]. El dinero es sólo un medio.

Es bastante sencillo entender que el dinero es sólo un medio. La moneda ni me da cobijo, ni me da abrazos, ni se come, ni me informa, ni me forma, ni me sana, etc. Por eso el dinero no nos puede decir si las personas de nuestra sociedad están sanas, bien educadas, informadas, bien alimentadas, etc. y por eso tenemos que utilizar indicadores que sí nos informen sobre esos aspectos. ¡Y haberlos haylos! Algunos serán cuantitativos y otros cualitativos, pero los hay (I.B y yo ya hemos escrito sobre esto en este blog).

Igual que las sociedades se miden principalmente con el PIB, las empresas se miden con sus ganancias. Si las sociedades no se deberían medir sólo con el PIB, ¿deberían también las empresas medirse con otros indicadores? Pues si tú crees que las empresas están para ganar dinero, entonces dirás que el mejor y único indicador para una empresa es sus ganancias, pero si crees que las empresas están para satisfacer necesidades, entonces dirás, que análogamente a la sociedad, las empresas deberían tener más indicadores. Deberíamos medir si una empresa realmente satisface necesidades  – o no – y cómo lo hace ¿es sostenible?, ¿trata bien a sus trabajadores?, ¿es democrática?, ¿respeta los derechos humanos?, ¿y sus proveedores, cómo se comportan? Estos indicadores son importantes.

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Figura 1. Matriz del bien común desarrollada por el movimiento de la economía del bien común. Incluye indicadores de dignidad, solidaridad, sostenibilidad, justicia social y democracia.

Por supuesto, las empresas han de ser rentables económicamente. El balance financiero ha de ser nulo o positivo, no deben perder dinero porque el dinero es un medio importante para que los empresarios y trabajadores de la empresa puedan satisfacer sus necesidades. Pero no es el indicador prioritario ni mucho menos, no es el indicador a maximizar pasando por encima de lo que se encuentre por su camino. Este es el problema. Al convertirse el dinero en un fin, es más, en el fin supremo, se supedita el resto a la maximización de ese fin. Y esto lo arrasa todo. Cuando en realidad, lo importante es que la empresa contribuya a satisfacer alguna o varias necesidades de los ciudadanos de la sociedad en la que se encuentra, y que lo haga respetando los derechos humanos de las generaciones actuales y venideras (sostenible).

Aunque parezca utópico ya existen empresas que se comportan de esa manera. Hay infinidad de empresarios y trabajadores que pretenden que su trabajo aporte a la sociedad, ganando también dinero para satisfacer el resto de necesidades. De todas formas, fuera de la utopía, existe un tipo de empresa que no tiene como objetivo maximizar las ganancias: los equipos de fútbol. Un equipo de fútbol ha de ser rentable pero no busca maximizar la rentabilidad. Se mide más por otros objetivos que por el de la rentabilidad económica. Más claro, el mejor equipo de fútbol no es el que más dinero gana.

En estos debates de bar, dos personas que no se conocen entre ellas, me recomendaron la economía del bien común (libro). La idea de esta entrada es, probablemente, el núcleo central de este movimiento. Recomiendo el libro, porque me gusta, y porque Christian Felber lo explica mucho mejor que yo. También se puede resumir esta entrada con lo que dice Max-Neef “la economía al servicio de las personas, y no las personas al servicio de la economía”. Frase que también es evidente en sí misma, pero que en los tiempos que corren parece menos evidente.

Llevo ya varias entradas que se refieren a cambiar el sistema y no he tocado ni una sola ley. Como decía en mi primera entrada, hay leyes-acuerdos que cambiar, pero más importante es cambiar las pautas informales: como nos relacionamos entre nosotros y con la naturaleza. Que el dinero se haya convertido en un fin, y que las empresas se dediquen (en su mayoría) a maximizar el dinero, tiene muy poco que ver con leyes.


[1] Es continuo el ataque al mercado sin más. ¿El mercado en sí mismo es opresor? Esto no tiene fundamento alguno. Los mercados necesitan buena regulación claro. Además, existen sectores tan importantes en los que es muy buena idea la participación de empresas públicas (agua, sanidad, educación, etc.) Mientras escribo esta entrada me llega un mail de una ecoaldea que quiere vivir sin dinero. Respondo al que me lo ha mandado que por qué renuncian a un invento tan bueno. Es como renunciar a la rueda o al fuego.

[2] ¡Y cada una de estas profesiones también tiene su especialización! Probablemente hayamos llegado a una especialización del trabajo excesiva, yo así lo creo, pero la división del trabajo es importante. La utopía de Marx de ser “cazador por la mañana, pescador después de comer, agricultor por la tarde y crítico por la noche”, a mí me flipa. Pero todo no se puede. Siempre habrá división del trabajo para tener un nivel de vida alto. ¿cuánta división del trabajo? no sé. El intercambio es positivo, no lo demonicemos.

[3] Si crees que el dinero es un fin, entonces te podrá parecer la Amnistía Fiscal una cosa fantástica. Yo en cambio, lo que creo que es un fin, es la honestidad, no el dinero.

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5 comentarios

  1. Pedro Olazábal dice:

    Hay algunas cosas que no comparto de la economía del bien común. Principalmente que creo que cae en otro reduccionismo, pasa del reduccionismo monetario al reduccionismo de los puntos. Lo ideal, en mi opinión, es utilizar diferentes unidades de medida para diferentes aspectos. Cada aspecto tiene sus unidades de medida apropiadas y no todas se pueden reducir a dinero o a puntos.
    Salud!

  2. I. B. dice:

    Sólo hay algo que no se dice sobre el dinero, ni siquiera en las facultades de economía, y es que, en este sistema, el dinero no es sólo un medio de cambio, también es poder de influencia.

  3. Jótah Peich dice:

    Tengo mis dudas acerca de si el dinero es tan buen progreso como la rueda. De hecho no sé siquiera si la rueda lo es.

    No pretendo ser un “ecocavernícola” ni desdeñar todos los inventos de la humanidad hasta el momento pero, puestos a plantearse las cosas de raíz, entiendo que el excesivo tamaño de las sociedades humanas hasta la “única y global” que impera actualmente, -como sabemos- garante de hambrunas, represión política, trapicheos macroeconómicos y avaladora de Poderes Fácticos en la sombra (Aquí creo que el dinero es SU medio, no el poder en sí mismo) es el que está destruyendo su (NUESTRO) propio medio. Para explicarme mejor; cuando un grupo humano reducido (imaginemos una tribu amazónica de unas 50 personas) ve que su jefe está perjudicando al grupo, es mucho más fácil que lo vean, lo juzguen y lo ahorquen con una liana. En un megagrupo como el nuestro eso es imposible. El tamaño sí importa. Entre otras cosas porque aquí el o los jefes no se muestran y la mayoría de nosotros no sabemos quién es/son. No hay forma de juzgarlo ni liana lo suficientemente grande para semejante cuello. No parece haber forma de frenar su calamidad sin conciencia colectiva global.

    Y mientras la buscamos, el “desarrollo” sigue p’alante; arrasando bosques, destruyendo acuíferos y machacando a muchos de nuestros semejantes (Humanos o micos). Una suerte de suicidio colectivo autoprogramado y autopermitido al que han contribuido y siguen contribuyendo indudablemente inventos como la rueda, el propio dinero, o hasta Internet. Unos medios, estos, que se podrían usar de otra forma y con otros fines, como bien dices en esta entrada. Pero eso es solamente un detalle técnico; lo que verdaderamente importa es el cambio cultural, colectivo, global.

  4. Que haya seres humanos que arrasen otros seres humanos y el medio ambiente tiene poco que ver – nada en realidad – con el dinero en sí mismo.

    No quiero dar pie a malentendidos, no soy de los que argumenta que “los medios no son malvados en sí, sino que depende de como se utilicen”. Hay medios inventados por el ser humano que son arrasadores en sí mismos. Un ejemplo muy claro: un tanque. La esencia de un tanque es arrasar, destruir.

    Por cierto… ¡La rueda es un inventaco! Hay pocas cosas que se muevan que no tengan una rueda (estoy pensando ahora en un cajón o una puerta corredera)

    De acuerdo con lo que dice I.B. En mi entrada uso el presente cuando en realidad debería usar el condicional. Lo hago a propósito para enfatizar. Sería más correcto decir “el dinero debería ser sólo un medio de cambio” (y también unidad de medida, y “guardián” de valor, pero esto no es intención de la entrada). Creo que, que el dinero sea poder es consecuencia de haberse convertido en el fin supremo. Al ser el fin que quieren todos, los que lo poseen tienen poder.

    Esto hay que cambiarlo. Tenemos que cambiarlo. Nosotros, en nuestro día a día.

  5. […] a los autores citados, pero eso no significa que no podamos estar de acuerdo en algunas cuestiones. Creo que el mercado es un instrumento muy útil para algunos casos – e inútil para otros, claro. Tampoco tengo nada […]

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