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Elecciones en Israel: legitimando la ocupación

Hoy desde Limón en el Mármol  queremos hacer un análisis de las elecciones en Israel. Convocadas por el primer ministro Benjamin Netanyahu de forma anticipada, ya que estaban previstas para Octubre. Bibi, como se le conoce popularmente en Israel, pretendía aumentar su holgada mayoría en la Knesset (el parlamento israelí) para verse legitimado ante un posible ataque a Irán y, como no es menos, para proseguir con más ahínco y respaldo la construcción de colonias en Cisjordania.

Checkpoint de entrada al campo de refugiados de Shuafat

Pero según varias encuestas publicadas el pasado viernes en algunos medios de información israelíes, la coalición de gobierno, esa que ha permitido a Netanyahu gobernar con una oposición debilitada y sin ataduras estos últimos años, está en riesgo de transformación.

La izquierda (que no es tal y que estaría representada únicamente por los marginados partidos árabes en la Knesset), debilitada tras la renuncia de su número uno, Tzipi Livni; no consigue configurarse como el gran partido de la oposición. El mismo, acude dividido a las elecciones Pese a las bajas expectativas, las últimas encuestas pronostican un auge moderado y con un alto porcentaje de indecisos (cerca del 15%), que puede ser aprovechado por los laboristas.

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Por parte de la derecha, y tras la pasada guerra de Gaza, llamada “Operación Pilar de Defensa”, Netanyahu y su partido, el Likud, se deshoja hacia la extrema derecha. La última guerra en Gaza, que fue, como apunté en éste post, un intento preelectoral por demostrar que no le tiembla el pulso contra los Palestinos, Nentanhayu provocó no más que un tiro de gracia a sus pretensiones electorales. La reunificación de los principales actores políticos palestinos (Fatah y Hamas) y el reciente reconocimiento en la ONU del Estado palestino, unido a la escasa eficacia en sus ataques contra la infraestructura de Hamas en Gaza y la pronta y sorpresiva paralización de dichos ataques, han provocado que la belicista sociedad israelí transfiera votos hacia las formaciones más religiosas (también fruto de una sociedad demográficamente más ultraortodoxa) y de extrema derecha (defensora de los asentamientos y la construcción en territorios palestinos).

Aquí sorprende la nueva formación Habayt Hayehudi (La Casa Judía), liderada por un joven y carismático ex-empresario multimillonario de las tecnologías, Nafatali Bennett, de 40 años y para el que las encuestas atribuyen 14 escaños, convirtiéndose en la tercera fuerza política tras el Likud y el partido laborista. Su líder ha subrayado en varias ocasiones, de forma clara (ambigüedad que se le critica al actual mandatario del Likud) que “la existencia de un Estado Palestino es el suicidio de Israel”. Un partido que, a todas luces, y sin lastres históricos, viene a convertirse en el nuevo actor de la derecha en Israel.

Por otra parte, el hecho de que durante 2012 se aumentara la construcción en Cisjordania alrededor de un 300% respecto a 2011 no hace más que valorar el esfuerzo en crear el Gran Israel, el definitivo, para el cual Netanyahu opta a la dirección del gabinete. Nadie duda de que él será de nuevo, el primer ministro, pero el sistema electoral israelí, que por su configuración, obliga a gobernar en coalición, está lanzando un órdago al gobierno actual: O gobierna en coalición con la extrema derecha (los partidos ultrareligiosos y de extrema derecha) lo cual será fácil a nivel interno y le daría legitimidad para impulsar nuevos contenciosos bélicos y la ocupación definitiva de Cisjordania, o se abre un nuevo periodo de coalición con el partido laborista que será bienvenido en clave exterior pero con una fuerte presión a nivel interno y que tendría, por una parte, algunos obstáculos para desoír a la comunidad internacional y, por otra, y lo que es a día de hoy más difícil en Israel, para contentar a una población indignada con las desigualdades sociales, los altos precios, el acceso a la vivienda, la corrupción, la violencia interna y la creciente discriminación racial entre judíos.

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Mientras tanto, partidos minoritario como la Asamblea Nacional Democrática (Balad, que significa nuestra tierra), lanzan su candidatura para construir una alternativa de izquierdas real, que tenga en cuenta, no solo los pormenores de los que la izquierda israelí se refiere, sino de llevar a cabo los principios ideológicos propios de liberación, autodeterminación y dignidad). Os dejamos el enlace del Alternative Information Center para más información.

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