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Hablar por hablar

El título, que copia la expresión convertida en título de un famoso programa de radio, se emplea cuando lo importante no es el tema de conversación, sino más bien, el ambiente en el cual ésta se genera, la persona con la que se mantiene esa conversación y los inputs que, invisibles, dotan de importancia el hecho de “hablar por hablar”.Pero hablar por hablar como único medio político de solucionar el conflicto enquistado de Oriente Medio es más que surrealista, desvergonzado e insultante.

netanyahu-n6y

Suenan de nuevo las campanas de la salvación en los corrillos políticos de Tel Aviv y Bruselas. El próximo 22 de enero hay elecciones en Israel y, como es lógico, surgirá un gabinete nuevo, de lo que hablaremos en un próximo post. Se sucederán las llamas de líderes políticos brindando apoyo y arrojando elogios y felicitaciones y la Unión Europea llegará, cual reyes magos cada 5 de enero, a proponer una nueva idea de solución de conflicto. Un nuevo plan o mapa de ruta a adoptar por Israel y a digerir por los palestinos.

En varios blogs de corresponsales extranjeros y prestigiosos arabistas ya ha estallado la noticia: La Unión Europea está preparando un nuevo plan de paz en la región en conversaciones con Tel Aviv y Ramala, todo con el beneplácito y colaboración de Washington.

La desesperanza con la que se llenan los despachos de los principales socios del Estado judío a cada cambio de gobierno israelí, no son más que meros trámites con los que ganar tiempo y legitimar las relaciones entre los diferentes actores que colaboran en la ocupación y normalización de la misma en los territorios palestinos.

Hebron under occupation

Sin duda alguna, la única baza (por sorprendente que pueda parecer, aún no empleada por la UE o los EE.UU.) es la de presionar al gobierno israelí a través de acciones diplomáticas en organismos multilaterales, ya no solo legitimando la idea del Estado palestina, sino deslegitimando al israelí, y, principalmente, a través de su economía, retirando los apoyos y acuerdos comerciales preferentes y apoyo presupuestario al régimen sionista. El coste político, más allá del que pueda provocar en diferentes lobbies judíos europeos y norteamericanos, es mínimo al poder justificarlo en el incumplimiento de la legislación internacional, el derechos internacional humanitario y los derechos humanos.

No hay solución al conflicto palestino-israelí sin una presión tácita al gobierno israelí.

La Unión Europea es, en la actualidad, el primer socio comercial de Israel e Israel es para la Unión, el segundo socio comercial fuera de sus fronteras, por lo que la imposición de sanciones a este nivel, de vital importancia para la economía israelí, es fundamental para sostener una ofensiva diplomática para la paz.

Por otra parte, los resultados de las elecciones en Israel, con previsión de un auge de la extrema derecha ultraortodoxa, configurarán un gobierno más legitimador de la ocupación y mantendrán, con toda probabilidad a Netanyahu como primer ministro, quien ha sido el adalid de la colonización en Cisjordania.

Torre militar en el centro de la old city de Hebrón

Palestina, con un área de influencia cada vez mayor (tras el movimiento del líder de Hamás hacia Qatar, para evitar el aislamiento del régimen de Damasco y las nuevas configuraciones políticas de los gobiernos de la región con los Hermanos Musulmanes al frente), puede hacer presión en alianza con sus nuevos socios árabes, resultantes tras las revoluciones árabes, y los países del golfo, socios preferentes de las potencias occidentales en la región, junto con los países emergentes latinoamericanos. También en organismos multilaterales y con explícitas amenazas de llevar al Estado de Israel ante la Corte Internacional de Justicia y a muchos de sus dirigentes ante la Corte Penal Internacional.

Un nuevo tiempo se avecina en Oriente Próximo, no sin dificultades, pero con un aislamiento diplomático en organismos multilaterales de Israel y una cercana reconciliación palestina que pondrá a prueba la capacidad y la valentía de las potencias occidentales, los países emergentes y los nuevos gobiernos árabes a la hora de vislumbrar que el único paso posible para la resolución del conflicto es presionar a Israel y deslegitimarlo.  Mientras tanto, la sociedad civil necesita seguir sumando apoyos a través de la campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel) para luchar contra la impunidad y demandar a sus gobiernos la coherencia y valentía necesarias para alzar la voz y romper, de una vez por todas, la legitimidad democrática de un Estado de Apartheid.

Todas las imágenes con licencia Creative Commons (by-nc-sa) by Javier Díaz Muriana
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