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¿Izquierda o derecha? No, Neoliberalismo.

Con motivo de la “crisis” es habitual que las conversaciones sobre política sean una constante cada vez que nos juntamos amigos, amigas y familiares.

En mis últimas charlas al respecto me ha llamado especialmente la atención la necesidad de definirse ideológicamente entre “izquierda” o “derecha”, en esa eterna bi-sión del mundo que tan bien nos han enseñado para ser incapaces de ver más allá de dos perspectivas contrapuestas y caer en el continuo enfrentamiento.

Esta permanente búsqueda de identidad que noto actualmente da constancia de que esta “crisis” más que económica, es de ideología. Y es que aquellos que se creían de izquierdas se sorprendían con las medidas adoptadas por el Partido Socialista Obrero Español con la llegada de la crisis. Igual que aquellos que creían en la oposición del Partido Popular a estas medidas, se sorprenden ahora al ver que, al contrario de lo prometido, continúa o acentúa estas medidas. Y así andan muchos, perdidos ideológicamente, sobre todo en lo que a la lógica la idea pudiera referir.

La razón de esta pérdida de ideología se traduce en que en lugar de hablar sobre qué política toma o debiera tomar uno u otro partido, no se presta atención al hecho de que las finanzas, o mejor dicho, el capital ha devorado por completo la política dejándola sin libertad de maniobra, sin capacidad de actuar. El capital se ha descontrolado o como dicen “los expertos en economía”, desregulado.

La desregulación financiera tiene su origen en la corriente político-económica neoliberal cuya máxima es la extensión de la iniciativa privada a todas las áreas de la actividad económica, limitando la intervención del Estado. Si trasladamos esta idea a la política económica actual de ambos partidos, no nos extrañaremos entonces del ataque a lo público que se ha realizado y se realiza, especialmente desde el Partido Popular, más afín a esta corriente ideológica.


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El crecimiento económico de Estados Unidos y Reino Unido durante los años ochenta a través de medidas neoliberales fue el ejemplo para que éstas se convirtieran en dogma de economía en los países de la Unión Europea, independientemente del signo político. Sin embargo, muchos otros fueron los factores de ese crecimiento económico por lo que el ejemplo a analizar debiera haber sido el primer país en el que se implantó el neoliberalismo, Chile.

Durante los años sesenta una gran parte de la población chilena se movilizó por una reforma agraria capaz de acabar con la desigualdad social que provocaba la concentración de tierras entre terratenientes y colonos. Fruto de aquella movilización, en 1970 fue electo el socialista Salvador Allende que aprobó los instrumentos legales necesarios con el fin de expropiar todos los latifundios y traspasarlos a la administración estatal, cooperativas agrícolas o asentamientos campesinos, además de promulgar en 1971 una Ley para nacionalizar el cobre.

Estas medidas y la amenaza de la nacionalización de otras empresas privadas de capital norteamericano, provocaron la ira de las élites económico-financieras de Chile y de los empresarios estadounidenses, que buscaron el apoyo del ejército dirigido por el general Augusto Pinochet que, con el apoyo del ejército estadounidense, dio un Golpe de Estado en 1973.

Frente al intento de nacionalización y las medidas de distribución de tierras y riqueza a través del Estado llevadas a cabo por el gobierno de Salvador Allende, el Dictador optó por la idea de los llamados Chicago Boys de un crecimiento económico desregulado y libre del control del Estado. Los Chicago Boys eran economistas chilenos educados en la Universidad de Chicago bajo la dirección del estadounidense Milton Friedman, uno de los principales precursores del Neoliberalismo.

Las medidas de los Chicagos Boys “provocaron un deterioro brutal de la distribución de la renta, un privilegio extraordinario de los sectores más adinerados y, al mismo tiempo, una gran crisis económica (…). Se alcanzaron tasas de crecimiento muy elevadas, pero a costa de un enorme endeudamiento”.

No nos extrañaría hoy día que la lectura del párrafo anterior fuese la crónica económica de cualquiera de los países del sur de Europa en los últimos años.

Tras 17 años de Dictadura, Chile recuperó en 1990 la Democracia y con ella los Derechos Civiles y Políticos. Sin embargo, las políticas económicas neoliberales continuaron durante el gobierno de la Concertación (coalición de “izquierda”), contribuyendo a la brecha económica que impedía el acceso en igualdad de condiciones a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. En el año 2010, ante el hartazgo de la no desaparición de esas desigualdades sociales existentes en Chile, la Concertación perdió la elecciones ante la Alianza (coalición de derecha).

El gobierno del actual presidente Sebastián Piñera, al igual que ocurre con el actual gobierno español, lejos de poner solución a esas desigualdades, está utilizando las fuerzas del Estado para reprimir a todas las personas que, ante el desacuerdo con las políticas adoptadas, hace uso de su derecho a protestar y a manifestarse. Tanto en España como en Chile se han dado casos de uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades del Estado y se han realizado detenciones aleatorias y uso de métodos de tortura durante la detención de personas.

Probablemente el análisis del Neoliberalismo merece más reflexión y estudio que la que en este pequeño artículo pueda realizar y a la que por tanto os invito a todos y todas, y de la que seguro me haré eco en futuros artículos. Sin embargo, vaya por adelantado que, en la promoción y defensa de los Derechos Humanos que realizo diariamente, en mi opinión el Neoliberalismo es una ideología incompatible con éstos por las siguientes razones:

– Derechos Civiles y Políticos:

El hecho de que las políticas neoliberales naciesen o se aplicasen inicialmente en el seno de una dictadura militar, con la consecuente violación de Derechos Humanos que durante ésta o éstas (la Dictadura Argentina también puso en práctica la política neoliberal) se realizó, sumado a la represión con la que se ha actuado en Democracia contra la oposición a estas medidas en ejemplos como los expuestos anteriormente, nos dan una idea de la condicionalidad bajo el Neoliberalismo de derechos como el de libertad de expresión, manifestación, reunión, etc.

Además, en el apartado económico, la concentración de la riqueza que favorece el Neoliberalismo da lugar a la creación de grupos de poder que también condiciona el apartado 3 del artículo 21 de la Declaración de los Derechos Humanos “la voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”, pudiendo en muchos casos coartar la voluntad de una gran mayoría de la población.

– Derechos económicos, sociales y culturales:

En la mayoría de los países en los que se han aplicado políticas económicas neoliberales, las desigualdades sociales han crecido exponencialmente, hasta el punto de que la misma Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico se pregunta por las razones de esta desigualdad.

La desigualdad económica y social dificulta el acceso a derechos como el de la educación, la salud y la vivienda, incluso en Estados donde éstos están garantizados en su Constitución.

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4 comentarios

  1. […] En la práctica, el lenguaje político, al recurrir con reiteración al doble sentido, la ironía, la insinuación o la grandilocuencia, se convierte en un lenguaje demagógico y oscuro. Que Montoro mienta es una cuestión que incomoda más a quienes esperaban soluciones diferentes de las emprendidas por el Gobierno. Si quienes se creían de izquierdas se sorprendían ante las medidas del Gobierno socialista, quienes confiaron en el PP también se encuentran perdidos ideológicamente. […]

  2. […] o de derechas – aunque también hay algunos que dicen que son de extremo centro. Guille ya ha escrito algo sobre esto, pero en este caso yo lo haré de manera más […]

  3. Sphere Point dice:

    muy buen articulo .. la cuestión ya no es de izquierdas o derechas, eso ya no es relevante. y como bien dices, el neoliberalosmo no le importa las ideologías, solamente los beneficios, vengan de donde vengan y como vengan.

  4. […] a generar desigualdad (algo que también reconoce un autor de FEDEA y que Guille explicó aquí), y que por tanto hay que andarse con mucho cuidado con los instrumentos de mercado. Creo también […]

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